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Al iniciar una clase, una charla o nuestra participación en una mesa redonda, casi a manera de presentación, llamamos a una reflexión: |
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Al hablar de comida, a todos se nos llena la boca diciendo lo que aprendimos a comer. Pero... Meditemos un momento y preguntémonos
¿Qué enseñamos a comer?
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Cuántas y cuántas cosas enseñamos con la comida, con enseñar a comer ¿qué enseñamos? ¿Qué conocimiento entregamos? ¿De qué manera y qué estafeta estamos pasando a las nuevas generaciones? |
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Entonces ¿por qué no pensar en lo que enseñamos a comer? Tradiciones familiares, anécdotas, historias de familia, sus luchas, esfuerzos y conquistas; en suma la identidad y el orgullo de ser.
Todo ello, también, se encierra en lo que aprendimos a comer ¿Cómo no enseñarlo a nuestros seres queridos: a las nuevas generaciones?
Nuestra historia, nuestros viejos, nosotros mismos somos sus raíces. No se las podemos negar. |
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| estamos convencidos: |
| “El trabajo que se hace con amor, no es esclavitud”
Dar de comer, alimentar, es un enorme trabajo que se hace con amor. |
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“Yuri y Edmundo, nacimos y crecimos convencidos del gran valor de la cultura mexicana. Cada paso que hemos dado en nuestra formación académica, profesional y como personas, profundiza y enriquece el amor que tenemos por nuestra historia, por nuestra cultura.
Al caminar por otros ámbitos mostrando nuestra historia y nuestra gastronomía, hemos captado la profunda inquietud y una ávida expectativa, que existen en torno a la gastronomía mexicana. Sí, existe una creciente expectativa por nuestra riqueza gastronómica.
Como lógica consecuencia, si hace diez y ocho años nuestro afán era rescatar y mostrar nuestra cultura gastronómica, ahora consideramos imperativo fortalecer esa capacidad de divulgación. Desde hace más de diez y ocho años hemos realizado eventos gastronómicos, cosa quede alguna manera corresponde a eso que de unos años para acá se ha llamado “banquetes tema”.
Nuestra nave zarpó del pequeño puerto del Pasaje de “El Parián”. En un diminuto local, de taza y plato, abrimos un restaurante, en 1990. Su carta, cocina mexicana: prehispánica, virreinal y del siglo XIX, si de historia se trataba... Además, obviamente, algunos platos de la tan diversa cocina regional. Paralelamente teníamos que generar capital, si no ¿de dónde se financiaría el sueño cultural? Y entonces nos dedicamos a la banquetería. 25, 50, 70 y hasta 100 personas. Un mundo de gente. Eso creíamos con los primeros eventos. Después... 500 ó 600 personas resultaba cosa que a nadie espantaba. El milagro de la experiencia.
Y teníamos que seguir creciendo. Nuestros sueños y el impulso creativo siempre iban un paso adelante, más bien varios pasos adelante. Claro teníamos que apurarnos para alcanzarlos, abrazarlos y aprehenderlos... y aprender de ellos, de nuestros sueños. Los años, el tiempo, evidentemente también han corrido... ellos no se detienen un punto y también han dejado su enseñanza...” |
Continuará... |
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